¿todavía nos quedan dudas de cómo hará Castañeda para recuperar toda la inversión de su campaña después de esto? http://t.co/b2WC8ASYTB
— El Útero de Marita (@uterope) octubre 17, 2014
17 octubre, 2014
16 octubre, 2014
20 agosto, 2013
11 marzo, 2013
20 febrero, 2013
Caramelito Canseco
Escrito por Antonio Zapata
Al pensar en su reciente enfermedad, aparecen las singulares características de la carrera política de Javier Diez Canseco, JDC. Lo suyo ha sido la voluntad y la creencia en el marxismo como una ciencia que señala un derrotero para transformar la realidad. Detengámonos en el primer elemento, la voluntad de hierro que lo caracteriza. Quienes lo conocen saben que es una máquina infatigable, que persigue su objetivo sin desmayo y que guarda serenidad para los momentos difíciles. Nunca abandona su puesto sino al terminar el día, cuando los demás están agotados.
Cualquiera sabe que JDC es voluntarioso e intuye que esa fuerza proviene de su ánimo para superar su propia discapacidad. Un cuerpo dañado que obliga a una fuerza especial para estar a la par que los demás. Pero no solamente porque su voluntad ha estado dirigida a transformar este mundo, abolir injusticias y remediar entuertos. Su carrera política corresponde al justiciero, que intenta reordenar las cosas de este mundo en una vía que concibe como más humana. Por ello, aunque su fuerza personal provenga de dentro y de la infancia, se alimenta de una decisión adulta que lo convirtió en revolucionario.
Los revolucionarios nunca están tranquilos, porque su contradicción con las injusticias proviene de una emoción íntima, germinada temprano. Nació cuando uno era pequeño y no podía soportar la visión de la abundancia junto a la miseria. Esa emoción se vuelve un sentimiento que impulsa diversas luchas del individuo en su edad madura, fundamentando la reparación de tanto agravio.
El revolucionario siente las injusticias sociales como ofensas personales. Su dignidad se ve mellada por el poder arbitrario del poderoso. De ahí el rechazo visceral al abusivo como leit motiv de la existencia. La injusticia no es un vicio etéreo, sino que se materializa en individuos concretos que encarnan el egoísmo; a ellos se les evita. No se transige, sino se busca derrotarlos, impedir que sigan mandando y sometan a la humanidad en su beneficio.
Ese es el sustrato de la pasión revolucionaria, un sentimiento compartido por millares, que en todos los tiempos han querido invertir el orden, como dice el verso de la revolución española, “que los pobres coman pan y los ricos mierda mierda”. Esa pasión no es exclusiva de nuestra edad contemporánea. Por el contrario, donde uno voltea la mirada encuentra que toda era ha tenido su Espartaco.
Pero la modernidad ha tenido un ingrediente único que ha sido fundamental en la carrera de la generación de JDC, el marxismo. En efecto, creímos que existía una herramienta práctica para cambiar el mundo, que bastaba conocer sus reglas para adoptar la línea correcta y obtener el triunfo de la revolución.
El marxismo nos dio libertad y nos la quitó. Significaba tradiciones y cultura política, también perspectiva internacional y la sensación de fortaleza interior que proviene de una ideología con un mensaje universal. La promesa revolucionaria es para todos los individuos y esa convicción se traduce en fuerza, en disposición a tomar posición sin temor.
Pero, por otro lado, era una cárcel mental, una ideología que obligaba a categorías que tendían trampas y llevaban a laberintos. Entremezclado con el análisis social, el marxismo tuvo sus mejores horas y proveyó de muchos conocimientos sobre la realidad nacional. Pero, creyó que su resultado era científico, que había una verdad al alcance del ilustrado. Así, fuera de la ideología no había salvación y dentro había que seguir la verdad revelada, encarnada en el secretario general.
En esta comedia humana que es la vida, a JDC le tocó precisamente el papel del secretario general, el que sabe lo necesario y es intransigente, porque así debe ser. Colaborar con él fue compartir un caramelo de limón, agrio y dulce a la vez. A su lado, hasta las piedras eran suaves, porque su voluntad estaba por encima de todo. Esa misma voluntad que lo hará reponerse de su enfermedad, para mostrar que la lucha por la justicia social no tiene fin.
18 febrero, 2013
Javier, socialista en el Perú
Por Eduardo González Viaña
Pocos lugares hay en el mundo tan peligrosos para tener ideas de izquierda como el Perú democrático. Me equivoco: Pocos lugares hay en el mundo tan peligrosos para solamente tener ideas como el Perú democrático
Si quieres participar en la lucha política del país, es más seguro que te juntes a uno de los múltiples clubes de descerebrados (están muriendo los partidos) que pululan en el Congreso y hacen cola para su inscripción frente al Jurado Nacional de Elecciones.
Si quieres participar políticamente y exhibes ideas de izquierda, pero ansías llegar cuanto antes al poder, es mejor que te hagas marxista, pero seguidor del otro Marx, de Groucho, quien solía decir: “Tengo ideas, pero si a usted no le gustan, también tengo estas otras”.
Por ser un hombre de corazón y de acción socialista, el mayor de nuestros poetas, César Vallejo, fue encarcelado en Trujillo. En libertad condicional, viajó a París. No pudo regresar jamás a su patria porque si lo hacía iba a ser enviado de frente a languidecer en alguna prisión infernal.
Todo el mundo conoce a José Carlos Mariátegui. Muchos colegios peruanos llevan su nombre. Su pensamiento es estudiado en las universidades de todo el mundo.
Por su coraje sin revés de hombre de izquierda, se le recordó en vida constantemente y con epítetos perversos el mismo problema físico del que adolece Javier Diez Canseco.
Más aún, un grupo de oficiales del ejército lo atacó físicamente. En su silla de inválido, el pensador brillante y fundador del Partido Comunista fue atacado a golpes y a patadas.
Buen entrenamiento -ensañarse contra un lisiado- para los valientes hombres de armas quienes habían estudiado en la academia cómo hacer la guerra, pero jamás habían participado en una.
En días recientes, amenazaron de muerte al octogenario y también discapacitado periodista de izquierda César Lévano. Tal vez lo hicieron motivados por la envidia contra su inteligencia valiente.
El capitalismo angurriento se ha pasado décadas haciendo creer que su bandera es la del cristianismo. Ya se sabe hoy día que no hay más perverso materialismo que el de los dueños del mundo. Ser socialista, por el contrario, equivale hoy a levantar la cruz del martirio y las ideas del Maestro de Galilea.
Los derechistas hoy se proclaman defensores del mercado. También en eso mienten. La desregulación que ellos proponen, o más bien imponen, conduce al monopolio y al saqueo de las riquezas, o sea a entregar el país y a verter cianuro contra la tierra fértil.
Javier Diez Canseco ha anunciado que padece de una dolorosa enfermedad. Sabemos que le va a hacer frente con la misma intrepidez que ha asumido su pensamiento socialista frente a la persecución, el destierro, las balas y el castigo de los buitres.
Si Javier hubiera renegado de sus ideas o siquiera las hubiera hecho más “pasables” habría conseguido de inmediato el financiamiento de los ricos o el apoyo de los grupos que monopolizan la prensa. Le habrían puesto la presidencia en bandeja... y como dice un famoso político cuyas ideas engordaron demasiado, “la plata llega sola, compadre…”.
No es el caso de este hombre que después de haber peleado toda su vida, sigue combatiendo contra “un Estado que no regula ni redistribuye la riqueza vía los tributos. Un Estado castrado de su función social y de garante de derechos fundamentales, servil al sacrosanto mercado dominado por las transnacionales.” (JDC)
¡Resiste, compañero Javier, resiste!... Como en “Masa” te lo decimos con un ruego común: ¡Quédate, hermano!
14 diciembre, 2012
Chávez
Escrito por Eva Golinger
La primera vez que conocí a Hugo Chávez fue en las Naciones Unidas en Nueva York, en enero de 2003. Me preguntó mi nombre, como si estuviéramos charlando entre amigos apenas conociéndose. Cuando le dije “Eva”, me respondió, “Eva, ¿sí?”. “Sí, Eva”, le dije. “¿Sabes que mi hermano se llama Adán?”, me dijo, y continuó: “Mi mamá quería que yo fuera hembra para ponerme Eva ¡y mira que salí yo!”. Se rió con esa risa suya, tan sincera y pura que siempre contagia a todos los que la escuchan.
Salió él. Chávez, hasta a sí mismo se subestimaba.
Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos.
Hugo Chávez soñó lo imposible y lo logró. Asumió la responsabilidad de las grandes y difíciles tareas que quedaban pendientes desde la época de la independencia, lo que Simón Bolívar no podía lograr por las fuerzas adversas en su contra. Chávez lo cumplió y lo hizo realidad. La Revolución Bolivariana, la recuperación de la dignidad venezolana, la justicia social, la visibilidad y el poder del pueblo, la integración latinoamericana, la soberanía nacional y regional, la verdadera independencia, la realización del sueño de la Patria Grande y mucho, mucho más. Todos estos son logros de Chávez, aquel hombre que salió así.
Hay millones de personas alrededor del mundo que ven en Hugo Chávez una extraordinaria inspiración. Chávez alza la voz sin temblar ante los más poderosos, dice las verdades -lo que otros temen decir- no se arrodilla nunca ante nadie, anda con firme dignidad, la cabeza en alto, siempre con el pueblo por delante y la visión y sueño de la patria próspera, justa y feliz. Chávez nos ha regalado a todos una fortaleza colectiva para combatir las desigualdades, las injusticias, para construir patria y para creer que un mundo mejor no es sólo un sueño, es una realidad alcanzable.
Chávez, un hombre que podría andar con los más ricos y poderosos del mundo, prefiere estar con los más necesitados, sintiendo sus dolores, abrazándolos y buscando como puede mejorar sus vidas.
Recuerdo un cuento que Chávez contó una vez, o varias veces, como suele hacer. Andaba en su caravana, por allí por los llanos en esos caminos largos y planos que parecen seguir hasta el infinito. De repente apareció un perro en la orilla de la vía, caminando cojo con una pata herida. Chávez dio órdenes para parar su caravana y salió a recoger el perro. Lo abrazó y dijo que lo tenían que llevar a un veterinario. “¿Cómo podemos dejarlo aquí, solito y herido?”, preguntó. “Es un ser, es una vida, hay que cuidarlo”, dijo, demostrando su sensibilidad. “¿Cómo podemos llamarnos socialistas sin importar la vida de los demás? Hay que amar, hay que cuidar a todos, incluyendo a los animales, que son unos inocentes”, recordó.
Cuando echó ese cuento me hizo llorar. Lloré porque amo a los animales y son tan maltratados por tantos, hacía tanta falta que alguien como él, Chávez, dijera algo así para despertar conciencias sobre la necesidad de cuidar a los que cohabitan con nosotros en este planeta. Pero también lloré porque allí Chávez confirmó lo que yo ya sabía, lo que yo sentía, pero que a veces uno duda de sí mismo. Allí Chávez confirmó que en el fondo, es un ser sencillo, sensible y amoroso. Un ser al que le duele el corazón cuando ve un perrito herido. Un ser que no solamente siente, sino actúa. Así salió él.
Cuando Chávez llegó a la presidencia de Venezuela el país andaba cojo. Él había visto sus heridos y sabía que tenía que hacer todo lo que podía para ayudarla. Llevó a Venezuela entre sus brazos, apretadita, buscando como mejorarla. Entregó todo de él -su sudor, alma, fuerza, energía, inteligencia y amor- para convertirla en dignidad, desarrollo, soberanía, patria. La atendió día y noche, nunca dejándola sola. Encontró su belleza, su fortaleza, su potencial y su grandeza. La ayudó a crecer, fuerte, hermosa, visible y feliz. Impulsó su renacimiento y llenó su pulso de fuerza y pasión, de poder popular y pueblo digno.
Chávez ha entregado todo de él sin pedir nada a cambio. Hoy, Venezuela crece y florece, gracias a su entrega, gracias a su dedicación, gracias a su amor.
Menos mal que salió así, Chávez.
Salió un hombre más grande que la vida con un inmenso corazón lleno de pueblo, latiendo patria. Salió un ser humano con una enorme capacidad de persistir y mantenerse de pie frente a los más poderosos obstáculos.
Hugo Chávez soñó lo imposible y lo logró. Asumió la responsabilidad de las grandes y difíciles tareas que quedaban pendientes desde la época de la independencia, lo que Simón Bolívar no podía lograr por las fuerzas adversas en su contra. Chávez lo cumplió y lo hizo realidad. La Revolución Bolivariana, la recuperación de la dignidad venezolana, la justicia social, la visibilidad y el poder del pueblo, la integración latinoamericana, la soberanía nacional y regional, la verdadera independencia, la realización del sueño de la Patria Grande y mucho, mucho más. Todos estos son logros de Chávez, aquel hombre que salió así.
Hay millones de personas alrededor del mundo que ven en Hugo Chávez una extraordinaria inspiración. Chávez alza la voz sin temblar ante los más poderosos, dice las verdades -lo que otros temen decir- no se arrodilla nunca ante nadie, anda con firme dignidad, la cabeza en alto, siempre con el pueblo por delante y la visión y sueño de la patria próspera, justa y feliz. Chávez nos ha regalado a todos una fortaleza colectiva para combatir las desigualdades, las injusticias, para construir patria y para creer que un mundo mejor no es sólo un sueño, es una realidad alcanzable.
Chávez, un hombre que podría andar con los más ricos y poderosos del mundo, prefiere estar con los más necesitados, sintiendo sus dolores, abrazándolos y buscando como puede mejorar sus vidas.
Recuerdo un cuento que Chávez contó una vez, o varias veces, como suele hacer. Andaba en su caravana, por allí por los llanos en esos caminos largos y planos que parecen seguir hasta el infinito. De repente apareció un perro en la orilla de la vía, caminando cojo con una pata herida. Chávez dio órdenes para parar su caravana y salió a recoger el perro. Lo abrazó y dijo que lo tenían que llevar a un veterinario. “¿Cómo podemos dejarlo aquí, solito y herido?”, preguntó. “Es un ser, es una vida, hay que cuidarlo”, dijo, demostrando su sensibilidad. “¿Cómo podemos llamarnos socialistas sin importar la vida de los demás? Hay que amar, hay que cuidar a todos, incluyendo a los animales, que son unos inocentes”, recordó.
Cuando echó ese cuento me hizo llorar. Lloré porque amo a los animales y son tan maltratados por tantos, hacía tanta falta que alguien como él, Chávez, dijera algo así para despertar conciencias sobre la necesidad de cuidar a los que cohabitan con nosotros en este planeta. Pero también lloré porque allí Chávez confirmó lo que yo ya sabía, lo que yo sentía, pero que a veces uno duda de sí mismo. Allí Chávez confirmó que en el fondo, es un ser sencillo, sensible y amoroso. Un ser al que le duele el corazón cuando ve un perrito herido. Un ser que no solamente siente, sino actúa. Así salió él.
Cuando Chávez llegó a la presidencia de Venezuela el país andaba cojo. Él había visto sus heridos y sabía que tenía que hacer todo lo que podía para ayudarla. Llevó a Venezuela entre sus brazos, apretadita, buscando como mejorarla. Entregó todo de él -su sudor, alma, fuerza, energía, inteligencia y amor- para convertirla en dignidad, desarrollo, soberanía, patria. La atendió día y noche, nunca dejándola sola. Encontró su belleza, su fortaleza, su potencial y su grandeza. La ayudó a crecer, fuerte, hermosa, visible y feliz. Impulsó su renacimiento y llenó su pulso de fuerza y pasión, de poder popular y pueblo digno.
Chávez ha entregado todo de él sin pedir nada a cambio. Hoy, Venezuela crece y florece, gracias a su entrega, gracias a su dedicación, gracias a su amor.
Menos mal que salió así, Chávez.
12 diciembre, 2012
04 diciembre, 2012
26 noviembre, 2012
Desgraciada Acción de Gracias
PorCarola Chávez
El cuarto jueves de cada noviembre se celebra en los Estados Unidos el Día de Acción de Gracias. Resulta que hace siglos, unos colonos ingleses se estaban muriendo de hambre cuando unos nativos, conmovidos con su situación, decidieron regalarles un pavo y otros alimentos autóctonos, de esos que el que no sabe no se atreve a probar por temor a morir envenenado. Barriga llena corazón contento, comenzó la matazón.
Los indígenas fueron arrasados casi al punto de la extinción. Los que quedaron fueron condenados, para siempre, a vivir en reservas, como los elefantes africanos en el parque Kruger, pero sin las consideraciones y cuidados que reciben los memoriosos paquidermos. Allí viven tan olvidados que muchos de ellos ni se acuerdan y también comen pavo festejando el día de su desgracia.
El agradecimiento empieza con un titulado y celebrado indulto presidencial. Cada año, el Presidente de turno del único país del continente americano que aplica la pena de muerte, perdona la vida a un pavo. Cobbler se llama el pavo indultado este año, porque le ponen nombre, lo fotografían, lo perdonan y luego nadie sabe a ciencia cierta a dónde van los pavos indultados, y nadie pregunta, porque a nadie importa una noticia tan difundida, tan sin consecuencias, tan sin importancia. Salvado Cobbler, corre el generoso Primer Mandatario a la Oficina Oval a ordenar el asesinato con daños colaterales de algún sospechoso de cualquier cosa allá, bien lejos, en Paquistán.
Con la mente puesta en los ofertones del Black Friday del día siguiente, se sienta la familia a dar gracias sin saber a quién, entonces terminan agradeciéndose a sí mismos por todo lo que tienen sin pensar que todo lo que tienen es el resultado del despojo de otras gentes, en otros lugares, que ya no tiene mucho que agradecer.
Celebran los gringos su agradecimiento por un modo de vida que florece macabro sobre el dolor de familias descuartizadas por bombas democratizantes; sobre informes falsos que justifican invasiones verdaderas; sobre dictaduras cipayas y asesinas, impuestas desde su Casa Blanca, que regalan a sus amos lo que le quitan a sus pueblos. Celebran sobre los presos de Guantánamo, borrados de la vida en vida, para que ellos, familia inconsciente, puedan comer su pavo agradecidos. Agradecen vivir en el país de la libertad sin saber que viven en el país con más presos del mundo. Agradecen que, cada año, cada gringo bota a la basura suficiente comida para alimentar, durante el mismo período, a todita la hambrienta región subsahariana. Y en plena celebración botarán un montón de kilos más para seguir celebrando porque les sobran razones para agradecer mientras nos sobra, al resto del mundo, el dolor y la injusticia que sus razones provocan.
Día de Acción de Gracias, para desgracia de todos.
Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=356533
02 noviembre, 2012
Eric Hobsbawm, un recuerdo
Por Nicolas Lynch¿Por qué es Eric Hobsbawm uno de los más sino el mayor historiador de nuestro tiempo? Porque caracterizó como nadie al fenómeno más importante de la historia moderna que es el desarrollo capitalista. Sus cuatro libros magistrales titulados “La era de las revoluciones”, “La era del capital” “La era del imperio” y “La edad de los extremos”, constituyeron una vulgata de “alto nivel” como él mismo la caracterizó alguna vez, abarcando el período que va de 1789 a 1994. Quizás su mayor precisión histórica fue hablar del siglo XX como un siglo corto, que había empezado con la primera guerra mundial en agosto de 1914 y había terminado con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989.
En la mejor ortodoxia marxista combinó la exposición del desarrollo de las fuerzas productivas y su impacto en el progreso de las sociedades con los límites de las relaciones sociales de producción, que se manifestaban, como más de una vez se encargó de reiterarlo, bastantes más difíciles de cambiar de lo que había pensado el más sosegado de los optimismos revolucionarios. Sin embargo, no perdió el mismo el optimismo. Frente a la crisis que empezó el 2008, llegó a decir que la quiebra de la burbuja financiera revelaba a este capitalismo no solo como injusto sino también como inviable y que debíamos esperar tiempos turbulentos en los años venideros.
Lo recuerdo en su caminar pausado, recorriendo el salón de clase de lado a lado, en los otoños neoyorquinos de 1986 y 1987, mientras nos relataba el nacimiento del imperalismo europeo y las correlaciones de fuerzas políticas y militares que desembocaron en la Primera Guerra Mundial. El tema del libro que en ese momento escribía “La era del imperio”. Se acababa de jubilar de su cátedra en la Universidad de Londres y se quejaba de la magra pensión que le imponía el gobierno de Margaret Thatcher por lo que, nos decía, debía cruzar el Atlántico para dar clase en la New School for Social Reasearch. No ahorró, frente a las preguntas inquietas de los estudiantes latinoamericanos, ácidas críticas a Sendero Luminoso y nos repitió una y mil veces la diferencia entre terrorismo y comunismo, así como el valor supremo de la vida humana en la tradición socialista.
Hablaba perfectamente español y recordaba con mucho afecto su visita al Perú a principios de la década de 1960 que lo llevó hasta los valles de La Convención y Lares en el departamento del Cusco, para conocer de primera mano el movimiento campesino liderado por Hugo Blanco. Luego de esta visita nos gratificaría con uno de los mejores análisis de ese movimiento “La Convención: un caso de neofeudalismo en el Perú”, publicado en 1967. Años más tarde, en 1970, publicó un muy comentado artículo, “Perú: la revolución peculiar”, sobre el gobierno militar de Juan Velasco, en el que señaló la proyección de sus reformas sociales pero también los límites de su carácter militar. Coincidimos con Margarita Giesecke en uno de estos semestres en la New School, cuando ella terminaba su tesis doctoral de la que Hobsbawm era asesor, y ante una sugerencia nuestra de que se animara a volver a visitar el Perú, nos señaló que prefería quedarse con el recuerdo de la década de 1960, aludiendo a las dificultades de la violencia senderista y la crisis económica que atravesábamos en la época.
En un tiempo que ha visto tantos cambios de camiseta Eric Hobsbawm fue un comunista de toda la vida que acompañó su brillante trayectoria académica con una militancia persistente en el Partido Comunista de la Gran Bretaña. Esta condición lo llevó, en estos tiempos de crisis, a publicar su último libro con el título de “Cómo cambiar el mundo”, texto en el que señala la necesidad de volver a Marx y a la proyección utópica de su pensamiento. Queda la lección de una vida lúcida entregada a la reflexión con el objetivo de transformar el mundo.
22 octubre, 2012
09 octubre, 2012
Chávez derrotó a la orgía publicitaria
Abner Barrera
La empresa periodística comercial
transnacional CNN envió a Venezuela con algunos días de anticipación a las
elecciones, a su equipo de publicistas para preparar los ánimos, y sumarse luego
a la celebración del triunfo de Henrique Capriles, para quien habían venido
trabajando desde Atlanta hace medio año.
En los últimos meses la sede de ese
medio sirvió para calumniar, a toda hora y en todos los programas a Hugo Chávez.
Los periodistas que ahí laboran, con poca o ninguna cultura política, aplaudían
a los “analistas” invitados en la satanización que hacían al líder bolivariano.
Basta ver las “entrevistas” con Andrés Oppenheimer, Álvaro Uribe, Mario Vargas
Llosa, Carlos Alberto Montaner y otros neoliberales de la caverna
latinoamericana. Un bostezo o una mueca de esos “ilustres”, a favor de Capriles
o en contra de Chávez, eran reproducidos sistemáticamente.
Contra todos los pronósticos de las
encuestas realizadas por empresas responsables que anunciaban que Chávez ganaría
el 07 de Octubre por 10 puntos de ventaja (como en efecto ha sido el resultado
dado por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela), CNN insinuó e insistió
previo a las elecciones, que las diferencias se habían reducido y que ambos
candidatos llegaban al 07 de octubre en un empate técnico. Este anuncio se
convirtió en una orgía publicitaria que tuvo eco en todos los medios de la
oligarquía en América Latina, Miami y Madrid. Ya a mediados de setiembre
Capriles “entrevistado” por Oppenhaimer afirmó categóricamente que él iba a ganar
las elecciones (según encuestas ‘serias’ y ‘neutrales’) con un millón de votos
de diferencia.
Los publicistas de CNN Janiot,
Palacios y del Rincón acostumbrados a ver en sus países (Colombia y México)
irregularidades en los procesos electorales, llegaron a Caracas frotándose las
manos, para gritar ¡Fraude! ¡Fraude! en caso no ganara Capriles, atribuyendo
posibles anomalías al Consejo Nacional Electoral. Estos artistas “no” estaban
enterados que personalidades confiables de distintas países habían ratificado
que el Sistema Electoral Venezolano es un ejemplo para el mundo.
El mismo 07 de octubre Vargas Llosa
escribió en el diario español El País, que el chavismo iba tratar de manipular
los resultados y que según las últimas encuestas Capriles tenía entre dos y
cuatro puntos de ventaja. El desbocado, creyendo que influye con sus diatribas
aseveró que debido a la enfermedad que sufre Chávez –aunque él dice que ha
vencido al cáncer- “el riesgo de que si lo reeligen no esté en condiciones de
seguir gobernando, es enorme”, y propone que debería convocarse a nuevas
elecciones en un plazo de tres meses en las que ganaría Capriles. Como puede
verse, Vargas ha empezado a escribir una nueva novela.
Por su parte el agente de la CIA
Montaner dijo también el 07 de octubre en El Nuevo Herald (panfleto de los
contrarrevolucionarios batistianos de Miami) que Capriles ganará las elecciones
por un margen de 600.000 a 900.000 votos. Y al final de su artículo, se auto
consuela, anunciando como profeta apocalíptico lo siguiente: “Puesto que el fin
del chavismo, gane o pierda estas elecciones, está tan próximo como lo disponga
el grave cáncer que padece su líder”.
Para ninguna elección presidencial en
otro país de América Latina hubo tanto despliegue periodístico. Por algunos días
la mirada de todo el mundo estuvo puesta en Venezuela, no en vano llegaron diez
mil periodistas a Caracas. El imperio jugó ahí una de sus cartas “fuertes”, para
recuperar
la región. De ahí que el triunfo de Chávez es motivo de alegría y esperanza para
las fuerzas progresistas del mundo. Mientras los simpatizantes de la revolución
bolivariana celebraron con júbilo la victoria, otras imágenes mostraron a los
ricos llorando en Caracas y Miami.
Para estas elecciones las empresas
traficantes de la información al servicio de los emporios de poder económico
apostaron sin reserva por el candidato de la oligarquía, anunciando de antemano
el triunfo. El periodista César Lévano dice: “Si los grandes diarios y
las televisoras mayores de América Latina votaran en Venezuela, el
triunfo de Henrique Capriles, rival de Hugo Chávez, estaría asegurado” (La
Primera, Lima Perú). Hoy desde sus heridas abiertas, el poder mediático sostiene que ha
sido un triunfo ajustado. ¡Mentira! Chávez no ha ganado por uno o dos puntos,
Chávez ha ganado con una diferencia importante de diez puntos (más de un millón
y medio de votos).
A nadie le queda dudas que Capriles
era el candidato no solo de la oligarquía venezolana sino de la misma Casa
Blanca, de ahí el apoyo periodístico que tuvo. Chávez acuerpado por el pueblo
bolivariano le asestó un duro golpe a la oligarquía venezolana, a la Casa Blanca
y como en ninguna otra elección, al poder mediático y maniático
comercial.
http://alainet.org/active/58641
Chávez, los mentirosos y el Infierno de Dante
Atilio Boron
En La Divina Comedia Dante Alighieri describe con artesanal minuciosidad los diferentes círculos del Infierno. Son nueve, pero nos interesa el octavo porque es el que está destinado a castigar a los mentirosos, entre los cuales sobresalen los malos consejeros, los charlatanes y los falsarios, gentes que mienten a sabiendas y sin escrúpulo alguno. Si el gran florentino tiene razón en su descripción las recientes elecciones venezolanas sumaron una enorme cantidad de candidatos a penar para siempre en ese círculo infernal. Pocas veces nos tocó soportar tanta cantidad de mentiras como las que leímos y escuchamos en estos días. La “dictadura chavista”, “ataques a la libertad de expresión” en la República Bolivariana, el “fraude electoral” fueron algunas de las más recurrentes en el fárrago de acusaciones descargadas sobre Chávez con tal de impedir su inexorable victoria.
En La Divina Comedia Dante Alighieri describe con artesanal minuciosidad los diferentes círculos del Infierno. Son nueve, pero nos interesa el octavo porque es el que está destinado a castigar a los mentirosos, entre los cuales sobresalen los malos consejeros, los charlatanes y los falsarios, gentes que mienten a sabiendas y sin escrúpulo alguno. Si el gran florentino tiene razón en su descripción las recientes elecciones venezolanas sumaron una enorme cantidad de candidatos a penar para siempre en ese círculo infernal. Pocas veces nos tocó soportar tanta cantidad de mentiras como las que leímos y escuchamos en estos días. La “dictadura chavista”, “ataques a la libertad de expresión” en la República Bolivariana, el “fraude electoral” fueron algunas de las más recurrentes en el fárrago de acusaciones descargadas sobre Chávez con tal de impedir su inexorable victoria.
¿Por qué tanto odio, tanta
sed de venganza que hizo que políticos y comunicadores sociales que
supuestamente deberían caracterizarse por su equilibrio y sensatez se
convirtieran en voceros de las peores calumnias en contra de este personaje? La
razón es bien sencilla: mienten porque los intereses de clase que representan,
asociados a –y articulados políticamente con- los intereses imperiales exigen
borrar al chavismo de la faz de la tierra, y para ello cualquier recurso es
válido.
Venezuela, que encierra en
sus entrañas las mayores reservas petroleras de la Tierra, es una presa que
suscita los apetitos incontenibles del imperio, impaciente por reapropiarse de
lo que una vez fue suyo y dejó de serlo por obra y gracia de Chávez. Como se
trata de un propósito inconfesable, por ser un simple
acto de latrocinio, se requiere apelar a retorcidos argumentos para que el
delito aparezca como un acto virtuoso.
Por eso los mentirosos
tienen que decir que el chavismo instauró una "dictadura" en un país que desde
1999 hasta ayer convocó a su población a las urnas en quince oportunidades para
elegir autoridades, diputados constituyentes, miembros de la Asamblea Nacional o
para refrendar con el voto popular la nueva constitución o para decidir si se le
revocaba o no el mandato al presidente.
De las 15 contiendas
electorales Chávez ganó 14 y perdió una, el referendo constitucional del 2007,
por menos del 1 por ciento de los votos, y de inmediato reconoció la derrota.
Curiosa "dictadura" que obra de esa manera, como lo recordara Eduardo Galeano
hace ya unos años. No sólo eso: resulta que esta "dictadura" extendió los
derechos políticos (amén de los sociales y económicos) como jamás antes lo
habían hecho los regímenes supuestamente democráticos que gobernaron Venezuela
desde el Pacto de Punto Fijo de 1958 instaurando una insípida alternancia sin
alternativas entre democristianos y socialdemócratas que murió de muerte natural
en 1998.
Cuando Chávez llega al
poder, en febrero de 1999, uno de cada cinco venezolanos mayores de 18 años no
existían políticamente: no podían votar porque no se los inscribía en los
padrones y ni siquiera poseían documentos de identidad. Hoy la "dictadura"
chavista redujo esa cifra al 3.5 por ciento. Además, en la Cuarta República
(1958-1998) el abstencionismo de quienes sí podían votar fluctuaba en torno al
30 o el 35 por ciento llegando, según lo afirmara Daniel Zovatto, director del
Observatorio Electoral Latinoamericano, a picos del 80 por ciento en la década
del sesenta.
En la elección del pasado
7 de octubre se registró la más alta tasa de participación, con una abstención
de apenas el 19 por ciento. Por si lo anterior fuera poco, mientras en la
“ejemplar” democracia norteamericana se vota en un día hábil (el primer martes
de noviembre, año por medio) y la tasa de abstención ronda el 50 por ciento, en
la "dictadura" chavista se lo hace en días domingos y con transporte gratis para
que todos puedan acudir a los centros de votación. Fue por eso que el ex
presidente Jimmy Carter aseguró que el sistema electoral de la Venezuela
bolivariana es mejor que el de Estados Unidos y uno de los mejores del mundo.
Sin embargo, los condenados al octavo círculo del infierno insisten en que lo
que hay es una "dictadura" y que lo que faltan son libertades.
Su servil empecinamiento
se refleja también en sus constantes críticas a los supuestos límites a la
libertad de expresión en Venezuela: era ridículo, y hasta daba un poco de
lástima, ver a esos severos custodios de la libertad de expresión denunciando
públicamente las supuestas limitaciones a tan fundamental derecho sin que nadie
en Venezuela interfiriera en su labor.
¡Decían públicamente y a
los gritos que no había libertad! ante la mirada entre socarrona y perpleja de
venezolanos que no entendía lo que proclamaban estos energúmenos en plena calle
y a la luz del día. Basta con ojear los periódicos venezolanos para comprobar el
tenor de las feroces críticas y perversas difamaciones que disparan a diario en
contra de Chávez y su gobierno. Por supuesto, estos santos varones (y beatas
mujeres) que fueron a la patria de Bolívar a custodiar la amenazada libertad de
expresión jamás se inquietaron o manifestaron la menor preocupación por los 25
periodistas asesinados por el régimen títere que el imperialismo norteamericano
instaló en Honduras luego del golpe de 2009.
Tampoco se toman la
molestia de informar que de los 111 canales de televisión existentes en
Venezuela sólo 13 son públicos, y que tienen una audiencia de apenas el 5.4 por
ciento como lo demostraran Jean-Luc Mélenchon e Ignacio Ramonet en una nota
reciente. Y en los medios gráficos la situación es aún peor, porque el 80 por
ciento está en manos de una oposición radicalmente enfrentada al
gobierno. Diarios que, como los dominantes en la Argentina, violaron la veda
electoral venezolana propalando subrepticiamente versiones vía twitter en
los que aseguraban el triunfo irreversible de Henrique Capriles.Patricia
Bullrich, una diputada argentina “tuiteaba”, con base en esas fuentes, “ 52.8
Capriles, 47.2 Chávez” y Federico Pinedo, otro diputado argentino, escribía
alborozado “Gana @Capriles!”. Ninguno de los dos pidió perdón por haber engañado
a miles de personas con tamañas falsedades. Es más, en declaraciones posteriores
se enorgullecen en haber actuado como lo hicieron librando, como estaban, un
duro combate en contra de la “tiranía chavista.”
Contrasta con estas
infames actitudes la seriedad, neutralidad y el profesionalismo del Consejo
Nacional Electoral de Venezuela, un organismo público con representación
multipartidaria, que tal como lo había anticipado sólo comunicaría los
resultados de las elecciones cuando las tendencias del voto fueran
irreversibles. Así lo hizo unas pocas horas después de terminado el comicio
cuando un 90 por ciento de las actas confirmaba una ventaja inalcanzable a
favor del presidente Hugo Chávez (con 54 por ciento de los votos), misma que se
amplió hasta llegar al 55 por ciento al finalizar el escrutinio. Con una
diferencia de más de 1.600.000 votos la discusión sobre el fraude tuvo que ser
discretamente archivada. Mejor no pensar en lo que hubiera sido el escenario si
Chávez triunfaba con por un 2 o 3 por ciento de los votos.
Desilusionados y
derrotados, los voceros del imperio sacaron de la manga el nuevo tema con el
cual acosar a la Venezuela bolivariana: la salud de Chávez. Las usinas del
imperio se encargaron de reconfigurar la agenda, y seguramente insistirán con
este asunto mientras buscan nuevas formas de desestabilizar a su gobierno. Ya
antes habían aludido a esto, pronosticando como decía la presentadora de CNN,
Patricia Janiot, que a Chávez le quedaban entre 9 y 12 meses de vida. Esa fue
una de las hazañas del venezolano: derrotar al cáncer. La otra: sostener una
enorme inversión social que cambió para siempre las condiciones de existencia
-tanto objetivas como subjetivas- de las clases populares, más allá de la
necesidad, reconocida por Chávez, de mejorar la gestión de la cosa
pública.
Derrotados en las
elecciones ahora vuelven a la carga porque el líder bolivariano ha demostrado
ser un formidable aglutinador de la tradicionalmente dispersa dirigencia
latinoamericana, lo que le ha permitido neutralizar con eficacia la regla de oro
de cualquier imperio: “divide et impera”, como enseñaban los romanos. Y
ese sí que es un pecado imperdonable, que merece mucho más que descender al
octavo círculo del Infierno para hacerle compañía a tantos pseudo-periodistas
(en realidad, publicistas de grandes empresas que utilizan los medios de
comunicación para facilitar sus negocios) y supuestos republicanos cuya
preocupación excluyente es garantizar la continuidad de la dictadura -aunque se
vista con ropajes democráticos- del capital.
El pecado de Chávez,
murmuran por lo bajo (y a veces lo vociferan, como lo hace el impresentable Mitt
Romney) es intolerable e imperdonable, y habrá que acabar con él cuanto antes.
Ignorante de las leyes que rigen la dialéctica histórica la derecha cree que la
larga marcha de Latinoamérica y el Caribe hacia su segunda y definitiva
independencia es la obra maléfica de algunos espíritus malignos, como Fidel, el
Che y Chávez. Parafraseando aquel célebre título del discurso de Fidel en el
juicio por el Moncada, a la derecha imperial y sus voceros locales “la historia
los condenará.”
- Dr. Atilio
Boron,
director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias
Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina http://www.atilioboron.com
17 septiembre, 2012
CURA DEGENERADO
Un cura de Paraná fue acusado este viernes de 50 casos de pedofilia contra chicos de 12 a 14 años, los hechos ocurrieron entre 1984 y 1992. Una vez conocido el caso el arzobispado local manifestó su pesar y vergüenza. Por otro lado se conoció que el cura sigue en funciones.
El clérigo acusado es Justo José Ilarraz quien habría abusado a los jóvenes entre 1984 y 19882 fue prefecto del Seminario Menor de la capital entrerriana, donde cometió los abusos de menores.
El cura abusaba de los chicos de 12, 13 y 14 años “entre las cuatro paredes de su habitación privada del Seminario o en el baño. No se tenía que enterar nadie. Si alguien traicionaba ese pacto perverso de confidencialidad la iba a pasar mal“.
Si alguno de los chicos osaba contar algo de lo sucedido, “iban a empezar las represalias y se acababan los privilegios: los caramelos, los chocolatines, la buena comida, la TV o las películas en video“.
Al respecto, el arzobispado de Paraná difundió un comunicado en el que reconoció los hechos, pero no informó si se iniciaron actuaciones judiciales contra el violador.
“Las últimas noticias periodísticas reavivan nuestra profunda vergüenza e inmenso dolor por faltas gravísimas cometidas por uno de quienes deben servir a la vida moral del pueblo, con su ejemplo y enseñanza“, dice el comunicado eclesial.
El documento eclesiástico agrega que esta situación “nos interpela para que nuestro compromiso con la verdad y el bien sea cada vez más auténtico y eficaz“.
Agrega el escrito que, “siguiendo las directivas emanadas desde la Santa Sede, en especial de su santidad Benedicto XVI, se solicitó desde hace tiempo el levantamiento de la prescripción a fin de la aplicación de las sanciones correspondientes” al cura.
“El sacerdote acusado, debido a las gestiones realizadas por el Arzobispo de Paraná y por el Obispo de la diócesis de Concepción de Tucumán, se encuentra apartado del ejercicio de su ministerio hasta que la Santa Sede resuelva su situación“, añade el texto.
Sin embargo, Enz dijo que el Arzobispado de Paraná “miente“, porque el sacerdote no esta separado de esa función, y agregó: “yo tengo fotos donde se lo ve dando misa” en la localidad tucumana de Morteros.
14 septiembre, 2012
Denuncian presunto soborno a diputado opositor venzolano
Develada la suciedad de la ultraderecha venezolana
19 agosto, 2012
Nuestra lucha es tu lucha
Hay que luchar por un sistema de salud digno, que respete a pacientes y médicos
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